
La apicultura mundial atraviesa un momento crítico dado la reducción de poblaciones de abejas melíferas. Solo en Estados Unidos, los apicultores reportaron la pérdida de hasta un 62 % de sus colonias comerciales durante el año 2025. Las causas son múltiples e incluyen la exposición a pesticidas, el estrés climático o la reducción de su hábitat. Pero uno de sus enemigos principales es el ácaro Varroa. Un reciente estudio de la Universidad de California-Riverside (UCR) ha arrojado una luz de esperanza, gracias a la sorprendente resistencia que presentan las abejas híbridas de California a este parásito.
¿Por qué las abejas híbridas de California resisten mejor al ácaro?
Para entender la relevancia de este descubrimiento, primero hay que conocer al enemigo de las abejas melíferas: los ácaros Varroa. Estos individuos debilitan a las abejas alimentándose de su tejido adiposo, un órgano vital que soporta el sistema inmunológico y el metabolismo. Además, inyectan virus letales directamente en su torrente sanguíneo, como el virus de las alas deformes.
Frente a esta amenaza, los científicos observaron que algunos grupos de abejas, ubicados en el sur de California, estaban sobreviviendo al ácaro casi sin ayuda química. En efecto, al rastrear 236 colonias durante casi cuatro años, los resultados fueron asombrosos: las colmenas lideradas por reinas de abejas híbridas de California presentaban un 68 % menos de ácaros, en comparación con linajes de poblaciones tradicionales. Además, tenían cinco veces menos probabilidades de alcanzar niveles críticos que requirieran pesticidas de rescate.
Esta población no proviene de programas de cría tradicionales, se trata de enjambres asilvestrados que han combinado de forma natural rasgos de al menos cuatro linajes distintos: africanos, europeos,y de Oriente Medio.
Un escudo biológico desde la fase larvaria
Lo más llamativo de las abejas híbridas de California es la naturaleza de su defensa. Los ácaros necesitan entrar en las celdas de cría para reproducirse. Al hacer pruebas en el laboratorio, los investigadores descubrieron que los parásitos mostraban un desinterés por infectar a las larvas de estos híbridos, especialmente en su etapa más vulnerable, concretamente a los siete días de vida.
Esto sugiere que su mecanismo de defensa no obedece a un comportamiento de limpieza aprendido en la etapa adulta; se trata más bien de una resistencia biológica y genética fuertemente arraigada en su desarrollo temprano.
Aunque estas abejas no son cien por cien inmunes y no sustituyen el buen manejo apícola, el hallazgo supone un cambio de paradigma. Entender las señales químicas que hacen que las larvas sean resistentes a estos parásitos, podría tener efectos favorable para la apicultura; demostrándonos que, a veces, la propia naturaleza ya está desarrollando las soluciones que tanto necesitamos en el campo.





