Sistema respiratorio en perros: estructura, funciones y signos de enfermedad

Sistema respiratorio en perros
Olga Yastremska (sp.depositphotos.com)

El sistema respiratorio en perros y otros mamíferos, está compuesto por diferentes elementos reconocidos como principales y accesorios. Estas estructuras funcionan de manera sincrónica y organizada, permitiendo el mecanismo respiratorio básico de la especie.

Cambios en la integridad y el funcionamiento normal de estos elementos pueden ser advertidos en el animal a través de signos característicos.

Mencionaremos los componentes y principales funciones del sistema respiratorio en perros, así como los signos físicos y conductuales asociados a enfermedad respiratoria.

Partes esenciales y auxiliares del sistema respiratorio en perros

Si bien los pulmones constituyen el componente principal del sistema respiratorio en perros, su presencia no tendría sentido sin los órganos o partes que lo asisten. Estos órganos auxiliares se ordenan o comunican, trazando el circuito a través del cual el aire llega a los pulmones.

Además de su función anatómica o mecánica conductora, este circuito aéreo cumple un importante rol en el tratamiento o adecuación del aire una vez inspirado.

Descripción anatómica y funcional

Aunque con igual función, existen algunas diferencias de tamaño entre los componentes del sistema respiratorio en perros según razas caninas.

Comenzando por las estructuras externas visibles hasta las porciones internas, el sistema respiratorio en perros incluye: nariz, cavidad nasal, senos paranasales, laringe, faringe (porción nasal), tráquea, bronquios y pulmones.

Otras estructuras importantes dentro del sistema respiratorio en perros son la pleura, el diafragma y los músculos intercostales.

Comenzaremos con una breve descripción anatómica y funcional de cada uno, para luego integrar su mecanismo conjunto dentro del proceso de la respiración.

Nariz

En el perro y otras especies domésticas, la porción externa de la nariz se encuentra fusionada con los contornos del hocico. Sus narinas u ollares constituyen la puerta de entrada a la cavidad nasal, presentando notables diferencias en tamaño y aspecto entre las diferentes razas de perro.

La nariz propiamente dicha está cubierta por una piel modificada y sin pelo, que marca la división entre el plano nasal y el resto del hocico. Sus paredes son cartilaginosas y se mantienen húmedas gracias a la secreción de las glándulas laterales de la mucosa nasal.

Cavidad nasal

Internamente, la mucosa tapiza las paredes de cada cavidad o fosa nasal.

Estas cavidades están separadas por un tabique de hueso y cartílago que divide al hocico en dos espacios internos bien definidos. Ambas cavidades ocupan gran parte de la cara, presentando diferentes proporciones de tamaño entre las razas braquicéfalas o de “cabeza corta” y el resto.

La mucosa nasal contiene un área especializada de células encargadas de la olfacción. Su superficie (superficie olfatoria) es considerablemente extensa en el perro, lo que explicaría el desarrollado sentido del olfato en esta especie.

Por otro lado, la intensa vascularización y la secreción nasal serosa de sus glándulas, entibian y humidifican el aire inspirado antes de llegar a las vías inferiores.

Además, el aire se limpia gracias a la acción de las glándulas mucíparas. La secreción de estas glándulas forma un manto de moco sobre la superficie nasal, al cual las partículas se adhieren para luego ser deglutidas.

Senos paranasales

Los huesos que delimitan la cavidad nasal están engrosados por espacios aéreos denominados senos paranasales (maxilar y frontal en el perro).

Entre sus funciones, se reconocen: proveer protección térmica y mecánica a la cavidad nasal y el cráneo, funcionar como caja de resonancia durante la emisión del sonido, y aumentar la superficie para la inserción muscular sin adicionar peso a la cabeza.

Laringe, tráquea y bronquios

Desde la cavidad nasal y nasofaringe, el circuito aéreo superior del sistema respiratorio en perros se continúa con la laringe, la tráquea y los bronquios principales.

Estas estructuras están conformadas en el sistema respiratorio en perros por diferente proporción de cartílagos, membranas, ligamentos y músculo circundante.

La laringe está formada por la unión de diferentes cartílagos: cricoides, tiroides, aritenoides y epiglótico. En su interior contiene a la glotis, una cavidad que alberga las cuerdas o pliegues vocales responsables de la fonación.

La tráquea y bronquios se componen de múltiples anillos de cartílago, unidos entre sí por tejido elástico y músculo liso. Ambos componentes constituyen el denominado árbol traqueobronquial, el cual conecta la laringe con las vías respiratorias más pequeñas (bronquiolos).

La superficie interna de tráquea y bronquios contiene una capa mucosa constituida por células ciliadas. Estas cilias o microvellosidades arrastran las partículas extrañas hacia la faringe para ser deglutidas, protegiendo así a los pulmones de la llegada de agentes infecciosos o irritantes.

Pulmones y pleura

El aspecto anatómico e histológico del sistema cambia drásticamente a la altura de los pulmones. A continuación de los bronquiolos o conductos más pequeños, el tejido pulmonar conforma el tramo final del sistema respiratorio en perros.

Sus estructuras principales son los alvéolos, y representan la unidad funcional en donde se produce el intercambio gaseoso que caracteriza al proceso de la respiración.

Los pulmones se ubican uno a cada lado dentro de la cavidad torácica, y están divididos por lóbulos cuya cantidad y disposición varían entre especies. En los perros podemos distinguir: un pulmón derecho más grande que el izquierdo (dividido en lóbulo craneal, medio, caudal y accesorio), y un pulmón izquierdo, formado por un lóbulo craneal dividido y un solo lóbulo caudal.

En el sistema respiratorio en perros cada pulmón está recubierto por una membrana serosa denominada “pleura”. Esta membrana se repliega uniéndose por un lado a la superficie pulmonar y por otro a la pared del tórax. Esta conformación delimita una cavidad virtual (cavidad pleural) con escaso líquido seroso, que facilita el deslizamiento de lóbulos pulmonares entre sí y de estos con la pared.

Ventilación y función respiratoria del pulmón

Como hemos anticipado, la función respiratoria del pulmón es posible en el Sistema respiratorio en perros gracias a las múltiples estructuras que lo auxilian.

Además de los circuitos conductores, la incorporación y expulsión del aire responde a una mecánica ventilatoria en la que intervienen los músculos respiratorios y la elasticidad pulmonar.

Este sistema organizado permite vencer diferencias de presión y resistencias naturales al paso del aire, posibilitando su llegada a los alvéolos donde se realiza el intercambio gaseoso.

En este intercambio, el oxígeno atmosférico difunde hacia la circulación pulmonar para ser llevado dentro de los glóbulos rojos a los diferentes tejidos. Estos últimos entregan a la sangre sus productos de desecho, eliminándose así dióxido de carbono por mecanismo inverso.

En el sistema respiratorio en perros y otros mamíferos, el control de la ventilación responde a una comunicación entre los receptores pulmonares (físicos y químicos) y los centros superiores del sistema nervioso central.

La frecuencia respiratoria (movimientos por minuto) varía entre especies, pudiendo modificarse como respuesta a diferentes estímulos. Entre los más importantes, se encuentran los cambios en los niveles sanguíneos de oxígeno y dióxido de carbono, el estiramiento pulmonar y la presencia de agentes irritantes sobre la superficie de las vías respiratorias.

Signos de enfermedad del sistema respiratorio en perros

Conocer las estructuras del sistema respiratorio en perros y su normal funcionamiento, es el primer paso para la detección de alteraciones.

Este sistema puede verse afectado directa o indirectamente, dando lugar a signos característicos que resulta importante reconocer.

Entre los más importantes o evidentes y aquellos que pueden ser notados por el propietario del animal, se encuentran: cambios en la frecuencia o en los patrones respiratorios, como una respiración superficial o esfuerzos durante la inspiración o espiración; respiración por boca, con expresión facial (facie) ansiosa; postura ortopneica (miembros anteriores separados y cuello extendido); mucosas azuladas (cianóticas), y otros signos como tos sostenida, descargas nasales, o intolerancia al ejercicio.

El reconocimiento de estos signos, ya sea de aparición gradual o repentina, nos hará sospechar de una alteración en cualquier porción del sistema respiratorio en perros.

El veterinario profundizará los estudios con un examen general y especial, así como mediante la utilización de métodos complementarios que le permitirán arribar al diagnóstico definitivo de la enfermedad respiratoria.

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