Contractura muscular, tipos, síntomas y tratamiento

Contractura muscular
Miguel Librero/CC BY-SA 2.0

Todos en algún momento de nuestra vida hemos sufrido lo que hemos dado en llamar dolores musculares. Estos dolores pueden tener diversas causas, motivaciones…, algunos de ellos, la gran mayoría, son lo que se conoce como contractura muscular.

¿Qué es una contractura muscular?

Este tipo de afección es una contracción, como un nudo; la particularidad que tiene es que suele ser algo que se mantiene a lo largo del tiempo, lo que provoca el dolor y la lesión como algo que puede llegar a convertirse en crónico.

Los músculos se contraen y se relajan. Es lo que sucede de forma habitual, pero en determinadas circunstancias, una de las zonas que está contraída no se distiende, permaneciendo dura y manifestándose a través de la piel en forma de bulto, hinchazón o nudo.

No se trata de una patología grave ni es habitual que origine ninguna complicación importante. Pero sí es dolorosa, puede llegar a ser invalidante y es una de las mayores causas de absentismo laboral, con todo lo que ello conlleva.

¿Cuántos tipos hay?

La mayoría de estos dolores musculares ocurren a consecuencia del ejercicio. Pueden aparecer antes de la realización de la actividad física, durante la misma o después.

El cuerpo humano, con el comienzo del ejercicio, produce la metabolización o transformación de sustancias que el organismo necesita para la realización de la actividad. Estas sustancias, posteriormente, se eliminarán. Cuando el ejercicio es muy intenso o no hay calentamiento previo, el organismo no puede eliminar estas sustancias, acumulándose y provocando estas lesiones.

Cuando el ejercicio ha sido, como hemos dicho, muy intenso y finaliza, el músculo no es capaz de volver a su estado natural. Otra contractura.

Ya en situaciones más graves, cuando hay roturas fibrilares, las zonas que rodean a la zona «fracturada», se contraen para proteger la parte lesionada.

También se puede producir una contractura muscular cuando se adquieren malos hábitos de postura o con situaciones tan aparentemente inocuas como una corriente de aire directa en el músculo que luego se va a ver afectado.

¿Quién es susceptible de padecer una contractura muscular?

Para sufrir una contractura muscular no es necesario pertenecer a un estatus social determinado, ni afecta a un sexo más que a otro.

El riesgo de sufrir o no una contractura muscular, en ocasiones extremadamente dolorosa, radica principalmente en los hábitos de vida.

– Cuando una persona lleva una vida sedentaria, los músculos tienden a «atrofiarse», a perder su tono habitual. Entonces, cuando estas personas, sin el entrenamiento previo adecuado, sin un calentamiento inicial, empiezan a realizar ejercicio físico dañando el músculo.

– En nuestros ancianos, los músculos envejecen igual que el resto del cuerpo; pierden elasticidad, tono, a lo que hay que sumar las dolencias articulares. Esta es la principal causa de que cualquier sobreesfuerzo para ellos como puede ser hacer una actividad diaria normal y corriente, les provoque una lesión muscular o contractura muscular.

– Personas con alto nivel de estrés. En este caso, muy común en las situaciones que nos vemos obligados a vivir en la actualidad, el sujeto se contrae involuntariamente, lo que provoca dolor muscular especialmente en zonas como los hombros o los trapecios. Si estas personas tienen trabajo más o menos sedentario, como pasar mucho tiempo frente a un ordenador, la postura adoptada se va deteriorando a lo largo de las horas, lo que provoca también dolor en la zona lumbar.

– Y por supuesto, como todo el mundo ha podido suponer ya, los deportistas están sometidos a una ejercicio físico intenso y continuado, lo que les predispone de una forma especial al padecimiento de esta afección.

¿Cuáles son sus síntomas?

Cuando se produce un nudo muscular, la primera manifestación es el dolor y la impotencia funcional, es decir, la limitación a los movimientos. Dependiendo de la zona en la que se produzca la lesión, pueden aparecer y de hecho, lo hacen, otras manifestaciones.

Cuando sucede en la zona de lo que llamamos tren superior, es decir, hombros, (músculos trapecio, romboides, escalenos…), pueden verse otras afectaciones, tales como vértigos, dolor de cabeza, dolor referido a otras zonas del cuerpo como los brazos, provocando impotencia funcional, incapacidad para la correcta movilización de los mismos …

Cuando afecta al tercio inferior del tronco, las manifestaciones se traducen en dolores en zona lumbar que a veces puede ser confundido con ciática, en dependencia de la zona donde se encuentra la lesión, o incluso con un cólico renal.

El diagnóstico lo da la sintomatología: el dolor, la impotencia funcional, el abultamiento muscular, doloroso a la palpación…

¿Cuál es el tratamiento?

El tratamiento de una contractura muscular en sí es bastante sencillo.

En primer lugar, lo que hay que hacer es alejarse del elemento causal, es decir, adoptar posturas correctas en los ejercicios de la vida cotidiana, hacer ejercicio de forma regular, siempre adaptado a la edad y condición física de cada persona y calentar antes de comenzar a hacer ejercicio.

El reposo va a contribuir en gran medida a la recuperación del paciente.

A esto vamos a añadir el calor seco, que ayudará a desinflamar la zona lesionada.

Como último paso del tratamiento, son importantes los antiinflamatorios, que ayudarán a calmar el dolor y los relajantes musculares, que ayudarán también a, como su propio nombre indica, provocar un estado de relajación muscular.

Los masajes realizados por un fisioterapeuta o quiromasajista diplomado van a ser parte muy importante para la recuperación del paciente.

No se puede saber el tiempo que le va a llevar a cada persona aliviarse de una contractura muscular, pero con todas estas pautas, pueden estar recuperados aproximadamente en 7 o 14 días, aunque ya hemos dicho que ni se puede ni se debe generalizar.

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