Estrés, qué es, sus causas y consecuencias

Estrés
Rafael, de xtrapotrenes (flickr.com)/CC BY-SA 2.0

¿Quién no ha tenido en su vida en alguna ocasión esa sensación de tensión física o psíquica, de nervios incontrolables? ¿Esa situación en la que parece que el corazón se te va a salir del pecho, de ahogo…? Se trata del estrés, el gran mal de nuestro tiempo. Todos hemos sentido estrés en algún momento de nuestra vida.

¿Qué es el estrés?

El estrés es, ni más ni menos, que esa sensación de tensión ante situaciones nuevas. Estas situaciones no tienen por qué ser necesariamente negativas. Puede tratarse del comienzo en un nuevo puesto de trabajo, una cita, le «emoción» de vivir una situación novedosa…

Podría decirse que es una reacción de nuestro cuerpo antes estas situaciones. Es el estrés agudo. Nuestro organismo libera hormonas, como la adrenalina, que hace que el cerebro esté más alerta a todo lo que ocurre a su alrededor, los músculos se pongan en tensión y el cuerpo esté «preparado» para lo que va a suceder.

Pero cuando el estrés se convierte en algo crónico por problemas ya sean de pareja, de trabajo, o de la índole de que se trate, la situación se complica bastante.

¿Cómo se manifiesta el estrés en nuestra vida?

No existe una única forma de manifestación. Cada persona reacciona de una forma diferente ante él. El estrés agudo suele manifestarse generalmente en casi todo el mundo del mismo modo: sensación de que el corazón se acelera, lo que conocemos como taquicardia o palpitaciones, sudor frío, mareo, sensación de desmayo, tensión en los músculos…

Cuando se convierte en un problema crónico, puede dar la cara de modos muy distintos y, en ocasiones, provocando graves problemas de salud. Habitualmente con las situaciones de nervios y estrés la presión arterial se eleva, lo que puede llevar a un diagnóstico erróneo por parte del médico si no se conocen bien todos los detalles del cuadro que presenta el paciente, en especial el elemento desencadenante. También se han dado casos de personas que a consecuencia de una situación estresante han presentado una descompensación metabólica corporal que ha desembocado en una diabetes.

En muchísimas ocasiones, el estrés puede confundirse con problemas cardíacos, llegando a simular infartos, insuficiencia cardíaca, con todo lo que ello conlleva si no se efectúa un diagnóstico correcto.

El estrés puede llegar a producir problemas cutáneos, como eccemas, dermatitis, picores aparentemente sin motivo…

Del mismo modo, muchas personas que padecen estrés experimentan problemas gástricos, incluyendo dolor de estómago, vómitos y diarrea.

Cuando se ha afincado en nosotros y ya forma parte de nuestro día a día, los problemas pueden llegar a ser verdaderamente preocupantes. Los anteriores también lo son, no cabe ninguna duda; pero en muchas ocasiones el estrés crónico es la causa de dolores de cabeza frecuentes, contracturas musculares, depresiones, falta de energía y de concentración e incluso problemas de alcoholismo o drogadicción cuando la persona que lo sufre no ve otra salida a sus problemas, salvo esa.

¿Cuál es su tratamiento?

Hay que prestar atención a la pregunta anterior, porque en ella misma encontramos la respuesta.

Como ya hemos dicho anteriormente, si no se conocen en profundidad los problemas o las causas estresantes de la persona que las padece, su vida se convierte en una peregrinación constante de pruebas médicas, diagnósticos erróneos y tiempo perdido con especialistas que no pueden ayudar.

Cuando una persona siente que el estrés empieza a hacer mella en su vida y se está convirtiendo en un problema, debe acudir a un profesional de la medicina. Le efectuará las pruebas diagnósticas necesarias en función de los síntomas que presente y, una vez descartadas las causas físicas de su malestar, abordaremos el estrés de la forma correcta.

Entre uno de los posibles tratamientos, se encuentran los fármacos, los llamados ansiolíticos, que harán su trabajo, relajando el cuerpo y eliminando los síntomas. Pero esto sólo es la punta del iceberg. Solamente va a hacernos sentir mejor, pero en cuanto se acaben los efectos de la medicación, los síntomas pueden volver cuando el desencadenante también lo haga.

Por eso debemos aprender a conocer nuestro cuerpo. Cuando aparezcan los primeros síntomas de estrés, tiempo fuera. Es decir, buscaremos un lugar con ambiente tranquilo, a ser posible, silencioso, nos sentaremos y efectuaremos respiraciones lentas y profundas. Trataremos de dejar la mente en blanco, dejando volar los pensamientos y concentrándonos en nuestra propia respiración.

Lo ideal es hacer esto todos los días al llegar a casa, en nuestro ambiente, con tranquilidad, aunque en determinadas ocasiones, podemos hacerlo como acabamos de describir.

Otras formas de relajación para luchar contra el estrés son el yoga, la meditación… Ayuda muchísimo escribir nuestros sentimientos, problemas, sensaciones, deseos, a diario para revisarlos un tiempo después e ir comprobando la evolución.

Lo ideal es solucionar el problema de raíz e intentar erradicar la causa del estrés, pero en muchísimas ocasiones es algo imposible de realizar. Por eso, y siempre que esto no sea posible, estos pequeños consejos van a hacer nuestra vida mucho más llevadera y menos estresante, haciéndonos sentir mejor con nosotros mismos y con los demás.

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