Lengua del perro, características y funciones

Ficha sobre la lengua del perro

Una de las características más representativas de los cánidos es su jadeo, pues es uno de los comportamientos que más asociamos a estos animales. La lengua del perro es un órgano muscular y representa la única estructura con movilidad voluntaria dentro de la cavidad oral. Esta estructura se compone de una serie de músculos, papilas, glándulas, nervios y vasos sanguíneos que permiten que la lengua cumpla con funciones muy importantes en la vida de nuestras mascotas caninas.

La irrigación sanguínea de la lengua del perro, hace que esta estructura sea muy sensible ante diversas condiciones de salud. Por esta razón, la apariencia y condición de este órgano reflejan en cierta medida el estado de salud general de los canes. La circulación de la sangre en la lengua ocurre de manera activa, lo cual representa la base de una de las funciones fundamentales de dicha estructura, que es el intercambio de calor para mantener una temperatura corporal estable.

Funciones de la lengua del perro

La lengua del perro representa la estructura con más funciones de la cavidad oral. Se trata de un órgano vital en procesos como la aprehensión de alimentos, lamido y succión del agua, masticación, deglución, degustación y actividades no alimenticias como termorregulación, vocalización y acicalamiento. El gran control motriz que tienen los perros sobre esta estructura se debe a que se compone en gran medida por músculo esquelético.

Además, la lengua del perro contribuye a la formación del bolo alimenticio, al permitir que el alimento se mantenga entre los dientes durante la masticación. Asimismo, permite movilizar el bolo hacia la faringe, gracias a la acción de bombeo provocada por el movimiento lingual. Esta estructura evita, además, que el bolo se regrese hacia la cavidad oral. Otra de las funciones importantes de la lengua del perro es el acicalamiento, mediante el cual son capaces de controlar los parásitos, limpiar heridas y cuidar a las crías.

Termorregulación

El papel de la lengua en la termorregulación es un aspecto que se ha estudiado desde hace décadas en animales jadeantes como los cánidos. El intercambio de calor que ocurre a través de la lengua se relaciona principalmente con los elementos vasculares específicos, que promueven un intercambio térmico desde la sangre hasta las superficies de las mucosas que recubren la lengua, de donde se difunde el calor por evaporación.

Las principales vías de pérdida de calor en animales como los canes se encuentran en los conductos respiratorios nasales y la lengua. En estas estructuras, el flujo sanguíneo es controlado a partir de vías neuronales centrales y periféricas específicas para dicha función. El control neuronal se encarga también del ajuste vascular termorregulador de la lengua del perro, lo cual les permite defenderse contra el calor en las temporadas de altas temperaturas. La protrusión de la lengua, boca abierta, jadeo excesivo, respiración de alta frecuencia y producción excesiva de saliva, conforman el conjunto de actividades que promueven la evaporación respiratoria del calor.

Características de la lengua del perro

Como hemos mencionado, la lengua del perro es un órgano estructural que se encuentra cubierto por una envoltura de mucosa proveniente de glándulas específicas. Esta es una especie de red o entramado de glándulas, nervios y vasos sanguíneos. Todo este arreglo, además de los músculos de esta estructura, permite que pueda moverse de manera voluntaria.

De esta manera, la lengua puede estirarse, inclinarse hacia arriba o abajo, curvarse y acostarse, lo cual le permite llevar a cabo funciones imprescindibles en los procesos de alimentación, bebida y aprehensión. Asombrosamente, la lengua del perro tiene poca importancia sobre el sentido del gusto en estos animales, a diferencia de los humanos, donde la lengua tiene un papel sensorial. Para estos animales, el olfato es el principal sentido sensorial y gustativo.

Anatomía de la lengua del perro

La lengua del perro cuenta con una raíz que le permite anclarse a la orofaringe. Además, tiene un cuerpo unido por un frenillo al suelo de la cavidad oral y se extiende de manera rostral a la raíz. El ápice de la lengua es rostral y no se une al frenillo, es decir, es la porción móvil que sale de la cavidad oral. A los lados del frenillo se encuentra una región elevaba de mucosa y se conoce como pliegue sublingual, el cual se extiende de forma rostral y culmina en una carúncula sublingual. Debajo de los pliegues y hacia la carúncula se abren los conductos mandibulares.

La superficie dorsal de la lengua del perro cuenta con una capa de mucosa gruesa, creada por el epitelio escamoso cornificado. En dicha membrana mucosa se encuentran unidades estructurales conocidas como papilas. Estas tienen una función protectora y para reforzar la aprehensión de los alimentos y el agua. Entre las papilas se encuentran distintos tipos, como las fungiformes que son gustativas y se caracterizan por ser valladas y foliadas. Las papilas no gustativas tienen una estructura filiforme. También se diferencian las papilas cónicas, que participan en el acicalamiento y aseo del pelaje. En algunos perros, existe una fina línea de crecimiento de pelo en el surco medio de la lengua, lo que se conoce como “lengua peluda”.

En la región ventral de la lengua también se encuentra una membrana mucosa, mucho más fina que la encontrada en la región dorsal. Es posible observar las venas y arterias linguales por debajo de la membrana mucosa, a cada lado del frenillo. Las arterias linguales de cada porción lateral se anastomosan sobre el parénquima musculoso de la lengua.

Gracias a esta configuración, la interrupción del flujo sanguíneo de una arteria no tiene grandes efectos sobre la circulación del tejido lingual. La arteria lingual es el vaso principal que provee circulación sanguínea hacia la lengua y proviene de la arteria carótida interna. La vena lingual se origina en el ápice de la lengua y desemboca en la vena facial.

Musculatura

En la raíz de la lengua del perro se encuentra un conjunto de tres músculos extrínsecos emparejados que son el estilogloso, hiogloso y geniogloso. El estilogloso presenta tres particiones que se originan en los huesos estilohioideos, además de insertarse a lo largo de la parte ventral de la lengua. Este músculo y sus subdivisiones se encargan de atraer la lengua caudalmente y deprimirla en el punto de inserción de cada músculo. El hiogloso comienza desde el hueso basihioideo y se inserta en las porciones caudales de la lengua del perro.

En cada mejilla, sobre la porción medial, se originan los músculos genioglosos, en la región posterior de la sínfisis. Este músculo se subdivide en tres haces mientras se abanica en la porción posterior y dorsal de la cavidad oral. El geniogloso interviene en la depresión y protrusión de la lengua. Los haces vertical, oblicuo y recto se insertan en las porciones rostral, caudal y posterior de la región ventral de la lengua, respectivamente. Todos estos músculos son controlados por los nervios hipoglosos. Gracias al complejo movimiento intrínseco que provocan los músculos de la lengua, se llevan a cabo actividades cruciales como la masticación, la protrusión y la deglución, además de contribuir a evitar que la lengua sea mordida.

Problemas de salud relacionados con la lengua del perro

Conocer las características y funcionamiento de la lengua del perro puede resultar de gran utilidad para determinar si nuestras mascotas presentan algún tipo de problema relacionado con dicha estructura. Como ya hemos mencionado, este órgano interviene en la deglución de alimentos, bebida de líquidos, aprehensión de comida y agua.

La lengua del perro resulta tan o más relevante para la alimentación que la propia dentadura. Los perros que han sido desdentados pueden alimentarse mediante preparados especiales que no deban trocear. Por otro lado, los animales que han perdido su lengua, deberán pasar por un acondicionamiento complejo para aprender a comer y beber de una manera muy diferente a la forma natural de estos animales.

En los perros, las patologías asociadas a la lengua no suelen ser muy comunes. No obstante, cualquier signo o síntoma, y los cambios en la apariencia de la lengua del perro, deben ser atendidos con premura. Algunas señales a las que se debe estar atentos son la disfagia, ptialismo, pérdida de peso y signos de enfermedad oral. Además, algunos cambios en la apariencia, como el color y textura, pueden ser signos de que algo pasa con la salud de nuestros perros.

La coloración de la lengua del perro va desde pálido-blancuzco, pasando por el rojo intenso hasta azul-purpúreo y, en algunos casos, entre amarillo y naranja. En la mayoría de razas, el color normal de la lengua es rosado claro, a excepción de algunas razas con lenguas entre púrpura-negro. Cuando el color de la lengua cambia repentinamente puede ser señal de varios problemas como:

– Lengua amarillenta o naranja: Esta coloración puede ser señal de problemas gástricos como gastritis, o fallos hepáticos.

– Color rojo intenso: Este color se asocia a fiebre, infecciones, fallas renales y hepáticas, diabetes, hipertiroidismo, intoxicación, deshidratación y carencia de vitaminas.

– Lengua pálida o blanca: Esta es una señal de enfermedades como anemia, leucemia, debilidad y desnutrición.

– Lengua rosada que se ha puesto azul: El cambio de color a púrpura o azul se asocia a problemas circulatorios y respiratorios. También a intoxicaciones, hepatitis, lupus y malestar orgánico.

– Consistencia rígida: Cuando se pierde la textura normal de la lengua, es posible que el perro presente problemas en el bazo o riñones.

– Lengua ennegrecida. Se asocia al uso excesivo de antibióticos, problemas renales, fallos de órganos, infecciones y otros problemas sistémicos.

– Cuando la lengua se recubre con una capa blanquecina, puede ser señal de mala higiene bucal, problemas gástricos e infecciones bucofaríngeas.

– Si se forma una capa amarillenta, puede representar fallos enzimáticos y disminución de la actividad probiótica. También se asocia a mala nutrición y déficit de vitaminas.

Referencias

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  2. Lobprise, H. B., & Wiggs, R. B. (1993). Anatomy, diagnosis and management of disorders of the tongue. Journal of Veterinary Dentistry, 10(1), 16-23.
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  4. Pleschka, K. (1984). Control of tongue blood flow in regulation of heat loss in mammals. Reviews of Physiology, Biochemistry and Pharmacology, Volume 100, 75-120.

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